domingo, 4 de abril de 2010
Cosas de porteños
Los ascensores son subterráneos verticales. Que se llama así para darse importancia. Porque también son descensores. Pero lo ocultan pudorosamente. Muchos tienen un cable que llevan como la cuerda de ahorcado de los "Burgueses de Calais" de Rodin. Se entra a en ellos con un poco de miedo. Porque los ascensores son bromistas. Y se detienen. Entre dos pisos. A veces. Convirtiéndose automáticamente en prisiones. En féretros. Porque lo que menos pensamos es en morir entre dos pisos. Por asfixia psicológica. O claustrofobia. Que le dicen. El propietario del edificio se precave. (los propietarios son precavidos. Siempre.) y ponen un cartel que dice: "Habiendo escalera la casa no se responsabiliza por los posibles accidentes en los ascensores" Poniendo en el alma la sombra de un peligro potencial. Y posible. Y entramos al ascensor con ganas de persignarnos. No hay nada más absurdo que un ascensor sin espejos. Y nada más agradable que el ascensor que conserva el perfume de una pasajera anterior. Que nos imaginamos vaporosa. Y voluptuosa. Y así hay ascensores que nos hacen soñar. Las escaleras rodantes son ascensores con peldaños fragmentados. Y tienen fragmentarios. Que nos imponen una sensación de inestabilidad. Hay que saber bajar a tiempo. Lo que no es fácil. Y siempre nos queda en el cuerpo la sensación de una aventura cinética. Subir solo en ascensor causa una infantil sensación de poderío. Pero siempre hay alguno que nos roba la soledad. Yo les tengo compasión a los ascensoristas. Y las ascensoristas que suben y bajan todo el día. Llevando gente. Cuyo destino o pueden comprobar. Y sin embargo son compañeros de ruta. Y de derrota.
Piolín de Macramé
Una de las razones por las que me alegro de haberme acostumbrado desde chiquita a leer el diario "La Nación", me encantaban estas columnitas de Florencio Escardó, no solo las leía con avidez sino que también como en este caso las recortaba y conservaba.
viernes, 26 de febrero de 2010
100% Pilar Ternera!
jueves, 18 de febrero de 2010
La noche cíclica
Los astros y los hombres vuelven cíclicamente;
Los átomos fatales repetirán la urgente
Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.
En edades futuras oprimirá el centauro
Con el casco solípedo el pecho del lapita;
Cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita
Noche de su palacio fétido el minotauro.
Volverá toda noche de insomnio: minuciosa.
La mano que esto escribe renacerá del mismo
Vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo.
(David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa.)
No sé si volveremos en un ciclo segundo
Como vuelven las cifras de una fracción periódica;
Pero sé que una oscura rotación pitagórica
Noche a noche me deja en un lugar del mundo.
Que es de los arrabales. Una esquina remota
Que puede ser del norte, del sur o del oeste,
Pero que tiene siempre una tapia celeste,
Una higuera sombría y una vereda rota.
Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres
Trae el amor o el oro, a mí apenas me deja
Esta rosa apagada, esta vana madeja
de calles que repiten los pretéritos nombres
De mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez...
Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas,
Las repúblicas, los caballos y las mañanas,
Las felices victorias, las muertes militares.
Las plazas agravadas por la noche sin dueño
Son los patios profundos de un árido palacio
Y las calles unánimes que engendran el espacio
Son corredores de vago miedo y de sueño.
Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;
Vuelve a mi carne humana la eternidad constante
Y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante:
«Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»
J.L. Borges
Lo escuché por primera vez en la voz de una profesora de literatura en el Hijas de Jesús por mediados de los años 80 y es uno de los poemas que siempre me unirá a Borges
sábado, 25 de abril de 2009
Oliverio Girondo una vez más...
Amor pasado por agua, a la vainilla, amor al portador, amor a plazos. Amor analizable, analizado. Amor ultramarino. Amor ecustre.
Amor de cartón piedra, amor con leche...lleno de prevenciones, de preventivos; lleno de cortocircuitos, de cortapistas.
Amor con una gran M, con una M mayúscula, chorreado de merengue, cubierto de flores blancas... (y rojas)*
Amor espermatozoico, esperantista. Amor desinfectado, amor untuoso...
Amor con accesorios, con sus repuestos; con faltas de puntualidad, de ortografía; con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.
Amor que incendia el corazón de los orangutanes, de los bomberos. Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas, que arranca los botones de los botines, que se alimenta de encelo y de ensalada.
Amor impostergable y amor impuesto. Amor incandescente y amor incauto. Amor indeformable. Amor desnudo. Amor-amor que es, simplemente amor. Amor y amor...¡y nada más que amor!
*perdón Oliverio: soy una irrespetuosa enamorada!
jueves, 5 de marzo de 2009
El cautivo
En Junín o Tapalqué refieren la historia. Un chico desapareció después de un malón; se dijo que lo habían robado los indios. Sus padres lo buscaron inútilmente; al cabo de los años, un soldado que venia de tierra adentro les habló de un indio de ojos celestes que bien podía ser su hijo.
Dieron por fin con él (la crónica ha perdido las circunstancias y no quiero inventar lo que no sé) y creyeron reconocerlo. El hombre, trabajando por el desierto y por la vida bárbara, ya no sabía oír las palabras de la lengua natal, pero se dejó conducir, indiferente y dócil, hasta la casa. Ahí se detuvo, tal vez por que los otros se detuvieron. Miró la puerta, como sin entenderla. De pronto bajó la cabeza, gritó, atravesó corriendo el zaguán y los dos largos patios y se metió en la cocina. Sin vacilar, hundió el brazo en la ennegrecida campana y sacó el cuchillito de mango de hasta que había escondido ahí, cuando chico. Los ojos le brillaron de alegría y los padres lloraron porque habían encontrado al hijo.
Acaso a este recuerdo siguieron otros, pero el indio no podía vivir entre paredes y un día fue a buscar su destino. Yo querría saber que sintió en aquel instante de vértigo en el que el pasado y el presente se confundieron; yo querría saber si el hijo perdido renació y murió en aquel éxtasis o si alcanzó a reconocer, siquiera como una criatura o un perro, a los padres y a la casa.
J. L. Borges
jueves, 26 de febrero de 2009
viernes, 13 de febrero de 2009
Cesar Vallejo

Un hombre pasa con un pan al hombro...
De Poemas humanos (1939)
Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?
Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de la axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?
Otro ha entrado a mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?
Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?
Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?
Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después, del infinito?
Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?
Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?
Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?
Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?
Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?
Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?
Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yo sin dar un grito?
Cuqui Menéndez
LUCIDEZ MORTAL
Del libro, Dibujos en el cielo, cuando todavía tenía sentido para mi sentirme amiga...
sábado, 31 de enero de 2009
Asociación libre: zapatos
"¡Vamos!", dice el pañuelo.
"Bueno. ¡Vamos!", la cama.
"¡Vamos! ¡Vamos!", la colcha,
las sábanas, la almohada.
Los botines-¡qué tristes!-
me miraron,
-dormía-
y después de un momento:
"nosotros nos quedamos".
Persuasión de los días, Oliverio Girondo
Acaso, de los Louboutin a los botines de Girondo, ¿No es asociación libre?
viernes, 30 de enero de 2009
Aprendiendo del amor con Manucho
Lo leí aún virgen, hace tantos años, lo marqué como una de mis citas favoritas de "El escarabajo"
Y, sigue siendo para mi, una de las mejores reflexiones sobre el amor.

Manuel Mujica Láinez
jueves, 29 de enero de 2009
Y al pasar digo...
martes, 27 de enero de 2009
Rebelión de vocablos
graznido, palaciego,
cejijunto, microbio,
padrenuestro, dicterio;
seguidos de: incoloro,
bisiesto, tegumento,
ecuestre, Marco Polo,
patizambo, complejo;
en pos de: somormujo,
padrillo, reincidente,
herbívoro, profuso,
ambidiestro, relieve;
rodeados de: Afrodita,
núbil, huevo, ocarina,
incruento, rechupete,
diametral, pelo fuente;
en medio de: pañales,
Flavio Lacio, penates,
toronjil, nigromante,
semibreve, sevicia;
entre: cuervo, cornisa,
imberbe, garabato,
parásito, almenado,
tarambana, equilátero;
en torno de: nefando,
hierofante, guayabo,
esperpento, cofrade,
espiral, mendicante;
mientras llegan: incólume,
falaz, ritmo, pegote,
cliptodonte, resabio,
fuego fatuo, archivado;
y se acercan: macabra,
cornamusa, heresiarca,
sabandija, señuelo,
artilugio, epiceno;
en el mismo momento
que castálico, envase,
llama sexo, estertóreo,
zodiacal, disparate;
junto a sierpe... ¡no quiero!
Me resisto. Me niego.
Los que sigan viniendo
han de quedarse adentro.
Es mi poema favorito de Girondo, y me gustan tantos, tanto! Hace un año estoy intentando aprenderlo de memoria, soy de neurona limitada, porque solo puedo recitarlo hasta "Flavio Lacio, penates,". Pero insisto y sé que quizás en uno o dos años lo logre...
domingo, 25 de enero de 2009
Marco Denevi
Los gobernantes estupidizados
Marco Denevi, publicado en la revista del diario "La Nación" hace más de veinte años
¿En qué consiste la estupidez? Vendría a ser, me parece a mi, lo contrario de la inteligencia. Mientras que la inteligencia es la facultad de examinar un problema y de resolverlo, de encontrarle una solución, una "salida" (éxito, por su etimología latina, significa justamente eso, "salida"), la estupidez se detiene ante los problemas y no acierta con la puerta de la salida, del éxito.
Vale decir que la estupidez se emparienta con el estupor, con el azoramiento y, en definitiva, con la impotencia. Stupet acies insanis fulgoribus, reza un verso de Horacio: "herida por locos fulgores se ofusca la mira". Así procede la estupidez: también ella stupet, también ella se queda pasmada, sin saber qué hacer, en presencia de los locos fulgores de la realidad.
Pasmada, pero no necesariamente quieta. A menudo se mueve, se mueve mucho. Pero sus movimientos son una pura agitación convulsa que no la conduce a ninguna parte. Inmovilizada en su propio atarantamiento, encerrada sin salida, tiene aleteos frenéticos de mariposa encandilada por una luz demasiado fuerte que la enceguece y de cuyo resplandor hipnótico no consigue zafarse.
Lo peor de la estupidez radica en que no tiene conciencia de sí misma. El estúpido no sabe que es estúpido. Creee que su ofuscación es apenas un pasajero intervalo de su inteligencia o una trastada que le hace la realidad. Confunde los aleteos de mariposa hechizada con preparativos de vuelo.
El estúpido, pues vive en una especie de estado de gracia, se mantiene espiritual y mentalmente estacionario, al modo de ciertas músicas modernas que pemanecen detenidas en un punto sin decidirse a tomar ninguna dirección, sin permitirse más que la acumulación y la repetición. Los gobernantes de todo el mundo no serán estúpidos pero proceden como si lo fueran. La vasta realidad que pretenden gobernar les provoca una estupefacción de mariposas encandiladas. Mientras tanto los problemas se enredan cada vez más complejos, más complicados.
No digamos problemas económicos, que en todos los países son un fangollo de órdago. Pero casi no hay terreno de la actividad humana donde no se acumulen dificultades crecientes. Leo en un diario francés, a toda página: "Europa, un rompecabezas". ¿Unicamente Europa? ¿Y por el resto del mundo cómo andamos? De la Argentina ni hablar.
Eso sí, los gobernantes ponen cara de inteligentes, de saber muy bien qué hay que hacer, de tener en las manos las llaves de la salida, del éxito. Los políticos, en el poder o a la pesca del poder, son duchos en el arte de simular que para ellos la realidad es pan comido. Y los ministros de Economía se dejarán matar antes de reconocer que no tienen la menor idea de cómo arreglar colosal entuerto.
Pero estoy seguro de que si pudiésemos espiarlos por dentro descubriríamos que gobernantes, políticos, economistas, dirigentes, y tutti quanti parpadean aturdidos por los "insamos fulgores" de la embrollada realidad.
Es que la estupefacción (esa estupidez siquiera momentánea y, para que nadie se ofenda, de ningún modo congénita, sino causada por la insania del mundo) les viene de un hecho harto comprobado: los gobernantes quieren gobernarlo todo, se entromenten en todo, para todo disponen de órdenes, de planes y de burocracia.
Pero simultáneamente, ese "todo" es hoy por hoy tan enredado y abochinchado que se a vuelto poco menos que ingobernable. Y nadie atina a descubrir qué diablos habría que hacer para que el "todo" indómito obedezca, se deje conducir hasta la puerta de salida, hasta la puerta del éxito.
Resultado final: Stupet acies, se ofusca la mirada. la mirada de la inteligencia. La mirada interior. Porque la otra, la de los cesáreos ojos en el cesáreo rostro de gobernantes y políticos, ésa sigue aparentando el brillo de las astucia, la vivacidad de la perspicacia, el orgullo de las sabiduría. Y, para que nadie los acuse de parálisis, gobernantes y políticos se mueven mucho. Se mueven mucho alrededor de la misma lámpara.

